Orígenes del Centro Mexicano de la Tortuga
Entre las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado en la zona central de la Costa de Oaxaca, donde se encuentran las comunidades de San Agustinillo y Mazunte, funcionaba un rastro en el que se sacrificaban y procesaban miles de tortugas marinas cada año. Esta era una importante fuente de empleo no solo para quienes atrapaban y procesaban a las tortugas, sino también para otros que daban servicios diversos a estos trabajadores.
Con altibajos esta industria se mantuvo hasta finales de la década de los años ochenta; pero en mayo de 1990 el riesgo de colapso inminente de la principal población de tortuga marina que la abastecía obligó a decretar una veda que significó su cierre definitivo. Prácticamente de un día para otro, esto llevó a niveles cercanos al desamparo a muchas de las familias que en este sitio encontraban su sustento.
El Gobierno Federal tomó distintas medidas para mitigar el impacto de esta veda en esta región del país; pero sin duda la más importante fue crear, en pleno epicentro de la devastación de las tortugas, lo que en un principio se conocía como “Museo Vivo de la Tortuga”, pero que ya en funcionamiento se denominó con el nombre que le conocemos hoy en día. La apuesta era transitar hacia la conservación de las tortugas como atractivo para el turismo, por un lado dando testimonio de que el sitio donde se sacrificaban miles de tortugas se transformó en un sitio donde se trabaja para cuidarlas, pero por otro lado, aprovechando la belleza de las playas y de los paisajes selváticos, así como la vocación de servicio de los pobladores de estas comunidades.
Con esa idea clara, en 1991 inició la construcción de este Centro, para lo cual se rehabilitaron y se adecuaron algunas de las instalaciones de lo que era un centro biológico que funcionaba desde 1978, construyéndose además nuevos módulos. Finalmente, en los primeros meses de 1994 el Centro Mexicano de la Tortuga abrió sus puertas al público, e inició operaciones para favorecer la conservación, la investigación y el manejo de diversas especies de tortugas de México, y sobre todo, para ofrecer a los visitantes la oportunidad de admirar la majestuosidad de los quelonios, sensibilizándolos así sobre la importancia de cuidar nuestro planeta.
Como institución que se mantiene viva, el CMT ha evolucionado en todo este tiempo. Nació en una dependencia del sector pesquero, pero pronto transitó hacia el sector Medio Ambiente. Durante un periodo corto estuvo en la Dirección General de Vida Silvestre, y desde 2005 hasta la fecha es operado por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, cumpliendo sus tareas con una perspectiva amplia que integra a las especies en riesgo, a sus ecosistemas clave y a las comunidades con las que coexisten.
Hoy, a más de tres décadas de la declaratoria de veda, Mazunte, San Agustinillo y en general la región costera de Oaxaca, son destinos turísticos de alcances internacionales que tienen como uno de sus emblemas a la tortuga, y como sello de distinción a su protección y conservación.
Por lo que toca al CMT, luego de más de tres décadas de atender cada uno de sus cometidos, y reconociendo que aún hay temas pendientes por resolver, sigue trabajando como una de las instituciones que están destinadas a marcar la pauta en la ruta de la conservación de las tortugas, de la biodiversidad y de nuestro entorno natural.